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martes, 30 de mayo de 2017

Ghost in the Shell (2017). Manga, cyberpunk y androides conflictuados


Aunque los setenta fueron el primer contacto de España con el mundo del anime, no fue hasta los noventa cuando se volvió algo grande. El estreno anterior de Akira, y sobre todo, los pases en las televisiones autonómicas de Dragon Ball abrieron un campo nuevo que las editoriales y las distribuidoras de vídeo aprovecharon. Y que, según algunos alarmados padres, llenaron las estanterías de sus hijos con chicas de ojos y tetas grandes. Masamune Shirow fue entonces el autor del manga en que se basó uno de los animes más populares dentro del género cyberpunk. Pero pese a la popularidad que el anime adquiriría posteriormente, es un estilo que siempre se caracterizó por parecer bastante inaccesible a los no aficionados, pero también por ofrecer cierto atractivo en cuanto a temas y oportunidades de adapción: un remake, o una versión cinematográfica hecha en Hollywood, que ofreciera una aproximación más sencilla para atraer a un mayor público...aunque a los estudios les diera por adquirir los derechos de las obras más complejas. Y, si mientras la idea de una película sobre el manga de Akira sigue un poco en el limbo, fue Shirow el que acabó contando con una producción de imagen real.



Ghost in the Shell explora un tema muy popular dentro de la ciencia ficción y el cyberpunk como es un futuro donde los implantes cibernéticos y las mejoras son una realidad, y donde una corporación ha conseguido dar el siguiente paso: crear una entidad robótica a partir de un cerebro humano. O lo que es lo mismo, dotar de alma, o espíritu, a un cascarón creado artificialmente. Mira Killian, gravemente herida en un ataque terrorista, es salvada por la corporación Hanka, o al menos, lo que quedó de ella: su cuerpo ha sido fabricado por ellos y como tal, su funcionamiento es similar al de un ordenador o una máquina. Capaz de recargarse, reparar las piezas dañadas de su cuerpo e incluso de introducir su mente en el programa de otros robots, Mira dirige un grupo especial dedicado a detener a criminales informáticos a la vez que, sin apenas recuerdos de su vida anterior, se plantea la realidad de su condición humana y comienza a experimentar distintos fallos en su sistema: imágenes y sonidos que no deberían estar ahí y que parecen ecos de su pasado o de algo que no existió. Y que suponen todavía más dudas durante su misión más compleja: encontrar a un criminal que uno por uno, ha ido eliminando a los científicos que participaron en su creación.



Antes de su estreno se habló mucho de la elección del reparto y la controversia que supuso un elenco occidental, especialmente su protagonista, en un guión con personajes originalmente orientales. Pero también de la fidelidad que la película pudiera tener con el anime original. Sin entrar demasiado en ese conflicto, la solución que dan al personaje de Scarlett Johansson resulta muy ingenioso y le da un matiz interesante a la idea del científico que juega a ser dios y a crear un ser humano a la carta. En el caso de la segunda, al no haber leído el comic ni visto la versión animada, me quedo unicamente con lo que supone la de imagen real.



Lo más reseñable en este caso es la estética. Con un colorido en muchos casos sorprendente para lo que era la tendencia en los últimos años, y sobre todo, un tanto retro. Porque en ese sentido, el futuro cyberpunk que se presenta es el que se ilustraba en la fecha de salida del guión original, de los ochenta y noventa, donde la norma eran ciudades de alturas imposibles, de autopistas que las rodean, y sobre todo, de neón y hologramas que ocupan cada espacio libre (citando a la frase de los abuelos cabreados en esas fechas: en el futuro deben ser todos de FENOSA), pero también de los distritos más pobres, con una arquitectura más sucia pero igual de caótica. Incluso la protagonista muestra un par de veces una cazadora bomber que bien pudo ser fortuita, pero que también es muy propia de esos años. La idea general hace recordar a la ambientación que podría haber ofrecido una película de hace un par de décadas, de haber contado con los medios suficientes. Seguramente, Johhny Mnemonic habría contado con unos escenarios parecidos.



A esa ambientación también se ha evitado darle una localización concreta: si originariamente era en Japón, aquí no se llega a mencionar explicitamente, y esa impresión de que podría ser cualquier lugar cosmopolita, o que las fronteras se han convertido en algo difuso, se potencia con un reparto de lo más variado: desde Scarlett Johansson hasta Juliette Binoche en el papel de doctora Ouelet, pasando por el actor danés que interpreta a Batou, su compañero de equipo, e incluso a Takeshi Kitano quien aparece hablando en japonés durante toda la película y que en general, no consigue transmitir nada de su personaje salvo recitar diálogos. Algo que también se achaca al resto: si bien la protagonista tiene su disculpa por ser en principio un personaje caracterizado por una actitud neutra, los demás no parecen tener demasiado carácter salvo las frases y explicaciones que aportan en los momentos puntuales. Se salva, de nuevo, por la caracterización exterior y el diseño de vestuarios, ya que en su mayoría consiguen ser similares a sus versiones animadas, y en algunos casos, tener una estética un tanto de cómic, sin que esta resulte exagerada ni de la impresión de ser un cosplay caro.



En la película acaba ganando la parte visual, bien por los escenarios o bien por el diseño de sus protagonistas, porque el guión acaba quedándose en una reducción un tanto simple: un grupo de personajes que resuelven una trama que se veía venir desde el principio, esto es, que la corporación de turno no era trigo limpio y que a la protagonista solo le habían contado lo que les interesaba. Y que finalmente se resuelve con el mismo simplismo, a base de que nadie piense las consecuencias de lo planteado: todo el mundo se pone en marcha para salvar a la protagonista en el último momento, disparar al malo, y no volver a mencionar cualquiera de los elementos que habían ido apareciendo en la trama. De golpe, las complicaciones sobre el hombre y la máquina se olvidan para terminar rápido y bien antes de los créditos.

Ghost in the Shell no ha resultado una mala película: se defiende perfectamente en una duración razonable sin aturullar con las escenas de acción, ofrece una estética un poco más novedosa respecto de lo que solía verse y consigue cerrar bien la historia. Pero también a costa de simplificarse mucho a partir de su segunda mitad. Funciona, pero tampoco va a ser la producción definitiva sobre la robótica y sus consecuencias.

3 comentarios:

José Miguel García de Fórmica-Corsi dijo...

El reparto es muy irregular. Takeshi Kitano está pero no está: como si le faltaran las fuerzas o las ganas. Pilou Asbaek (un actor que me gustó mucho en la serie danesa "Borgen") casi que no quiere hacerse notar mucho. Juliette Binoche cobra un cheque que supongo le habrá rentado como cuatro de sus películas más "finas" pero no termina de estar cómoda. Sin duda, Scarlett Johansson lleva el peso de la película, además de tener el personaje más interesante y coherente.

Te recomiendo el anime (la primera parte, la secuela es más bien cargante).

Kaoru dijo...

Soy una hereje que lleva siglos metida en el mundillo del manga y anime, pero jamás ha visto Akira, ni Metropolis, ni Ghost in the shell. Esta última me la iba a ver antes de que saliera la de este año, pero no me he puesto aún; y me da rabia porque sé que son imprescindibles.
Una pena la parte del guión y también lo de Kitano, aunque me han dicho que es más por el guión que por su interpretación; pero, siendo quien es, molaría verlo bien aprovechado.
En fin, la veré después de que me haya puesto con la original.

Renaissance dijo...

José Miguel García de Fórmica-Corsi : es curioso como muchos actores de nivel, en determinadas películas parece que se pasan solo para cobrar. Me hace pensar un poco que si realmente trabajan por amor al arte, que se limiten a escoger las películas que les gusten. Y si no, que desempeñen al menos un buen trabajo. Es una pena que de la década de los noventa no tengamos muchas películas de temática cyberpunk, porque esta me ha dado ganas de revisitar un poco ese tipo de estética que describían los ochenta y noventa.
La versión en anime me costaría un poco verla: he leído algo de manga, pero de momento en cuanto a animación no he ido más allá de Miyazaki (bueno, y los capítulos de Dragon Ball en la tele de mis años mozos) al ser un tipo de formato al que me cuesta acostumbrarme.

Kaoru: esto me ha recordado a cuando en tiempos los grandes del manga "para mayores" eran las de Shirow, 3x3 ojos y alguna más.
Ah, y lo de Metropolis me ha hecho gracia: se que hay un anime que se llama así, pero para mí no hay más Metrópolis que la del Doctor Rotwang, su melena despeinada y su malvada creación robótica XD.

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