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lunes, 31 de agosto de 2015

Obituario: Wes Craven


Si escribo Wes Craven, a muchos el nombre no les sonará de nada. Si escribo Pesadilla en Elm Street, o siendo más recientes, Scream, la cosa cambia. Lo que también cambia es que una de las primeras noticias de esta semana ha sido su fallecimiento hace unas horas.

 

Junto a John Carpenter y George A. Romero, fue uno de los directores que entre finales de los setenta y casi todos los ochenta, se encargó de diseñar gran parte del cine comercial de la década, para bien y para mal. Porque si bien es responsable de producciones tan duras como La última casa a la izquierda, o clásicos como La serpiente y el arcoiris, que hoy es un referente en cuanto al cine sobre los zombies haitianos, su personaje más emblemático Fred Krueger el asesino de los sueños, Freddy Krueger después, se convirtió a lo largo de los ochenta en casi una estrella de la comedia a ratos negra, a ratos absurda, que era en lo que con el tiempo, se convirtió su saga más famosa.


Por mucho que me cueste, también debería mencionar Scream. Y me cuesta porque el slasher o películas de asesinos es uno de los géneros que más aburrido me resulta. Pero esta, con sus cuatro entregas y una miniserie en camino, hizo que en los noventa se viviera un nuevo interés por el cine de terror dentro de esa vertiente. Una vertiente que aportaba un elemento nuevo: los guiños referenciales, la consciencia de los clichés del cine de terror y las secuelas y en cierto modo, el no tomarse aún menos en serio las películas de adolescentes asesinables. Unos años después este estilo se perfeccionaría mucho más de lo que él planteó, y películas como Cabin in The Woods le dan mil vueltas en ese tema, pero al menos hay que reconocerle el ser en cierto modo, el primero, y que consiguiera que durante un par de años, películas con premisas tan simples como el recuento de asesinatos volvieran a ser productos de interés para el público.

 
 


 
Eran otros tiempos, y perfectamente normal que los monstruos rapearan
 
Pero es imposible hablar de Craven sin dedicarle más tiempo a Pesadilla en Elm Street. Y más ahora que se habla, otra vez, de un nuevo remake, después del poco interés que despertó el del 2010. Él fue el creador de Freddy Krueger, primero un nuevo hombre del saco, y después, una especie de showman especializado en muertes todo lo creativas que le permitían los sueños, campo en el que este asesino de niños que buscaba venganza (al menos en la primera película. El resto debía ser ya por afición), asesinaba a los protagonistas, para los que la posibilidad de dormirse se convertía entonces en una muerte segura. Aunque hoy no me parezcan especialmente buenas sus secuelas, por ceder demasiado al humor un tanto payaso y precisamente, potenciar esta característica en su personaje principal, a su personaje sí le reconozco el haber sido todo un icono por meritos propios. Uno con mucha más astucia de la que podía tener, por ejemplo, el soso de Jason Vorhees, y más ingenio que El hombre alto de Phantasma (aunque este útlimo, por el contrario, tenga una naturaleza mucho más pesadillesca que este asesino de los sueños).

No fue una carrera redonda: tuvo películas buenas, algunas que se consideran clásicas, una temporada de menor actividad, otras producciones malas con avaricia, como La maldición, y otras en las que optaba por separarse del terror y acercarse al suspense, como en la curiosa Vuelo nocturno. Pero con todo ello, y aún siendo muy crítica con su carrera, solo puedo darle las gracias. Por el miedo, por el vudú, y sobre todo, por habernos tenido en vilo durante una década con las garras de cuchilla de Freddy Krueger.

 

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